terça-feira, 26 de junho de 2012

Las nubes estaban cubriendo el cielo como un tapiz bloqueando el sol y la oscuridad llegó muy temprano – especialmente porque era el día mas largo del año (supuestamente). Me embarqué en esta  falsa noche y tomé mi asiento en una fila vacía, al lado de la ventana. Nubes y lluvia me amenazaron, del otro lado. Separado por el doble cristal.
El zumbido del motor comenzó y sentí la sensación bien conocida de aire reciclado soplando contra mi cara. Sonó la señal de abrochar el cinturón de seguridad y desenvolví el regalo de la pastelería.

Empecé abrir el papel grueso. Cada doblez en el papel dejó impresiones, evidencia de los deseos implacables sobre el papel. Con los márgenes rizados, se formó un plato como si el bollo hubiera estado servido en un plato de porcelana de china.  El azúcar glas se cayó alrededor del pastel, y lo agarré con dos dedos sólo para evitar quitando aun un poquito del dulzor.

Cerré mis ojos, e hinqué mis dientes mientras el avión despegó. Mi lengua tembló cuando entro en contacto con el sabor del pastel.
El avión subió con cada mordida.  Sentí como el universo se levantaba.

El chocolate nadó en mi boca y pasaron imágenes de trabajadores en el mercado de Oaxaca entró mi mente. Me acordé de los olores de cacao en el sol. Los sonidos del mercado lleno de campesinos y turistas.

La obra de arte hecha por las manos de un inmigrante de Turquía aquella mañana me llevó hasta el cielo junto con el avión.
Abrí mis ojos y vi que ellos (el turco y el piloto) me habían elevado encima  de las nubes. El día renació, y el sol brilló en la ventana con una fuerza que me calentó igual como el sol en el mercado de Oaxaca. Miré al plato porcelana de china, y sólo tenia las migas de la riqueza había consumido. Pensé en el octavo capitulo de Das Capital.

Cerré mis ojos de nuevo, y dormí el resto del vuelo. Soñé un sueño tan dulce…. comenzó con un avión, un pastelito envuelto en papel, y mucha lluvia.

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